El Informe de Bernat Soria,
promovido por Abbott, tiene como objeto establecer las directrices que la
Industria Farmacéutica debería seguir en los próximos años para mejorar la
calidad del sistema sanitario español y, en consecuencia, conseguir una mejora
de la asistencia al paciente.
A modo introductorio, se hace una
valoración general de la situación actual del sistema sanitario, así como la
importancia de la Industria Farmacéutica, y el porqué de su mala reputación: la
falta de transparencia.
Según el informe, el colectivo de
pacientes reclama a ésta un mayor acceso a la información sobre patologías y
tratamientos existentes.
Esto me parece una información
totalmente sesgada, pues el hecho de pertenecer a uno de estos colectivos
implica que estas personas tienen una mayor preocupación y están comprometidas
con la causa. Algo que, en mi opinión, está lejos de la realidad cuando salimos
a “la calle”.
A la gente no le importa la
fisiopatología de la enfermedad ni los mecanismos de acción de un fármaco. Solo
quieren curarse y de la forma más rápida posible. Además, a esto hay que añadir
que al proceso de atención primaria ya se asocia el “que me receten algo”; por
lo que si el paciente sale de la consulta del médico sin una receta (porque no
la necesite), se va decepcionado y furioso.
Por otra parte, esa falta de
transparencia que se le atribuye a la Industria Farmacéutica esta aumentada por
las altas expectativas que la sociedad tiene puesta en “la ciencia”. No digo
con la falta de transparencia sea mentira, pues obviamente si se contempla en
el informe es que no lo es. Solo que hay una opinión generalizada de que con
los avances científicos y tecnológicos que tenemos hoy en día tiene que haber
cura para todo, y que no la tengamos solo es otra astuta estrategia de la
Industria Farmacéutica para sacar mayor beneficio económico, ya que sacan mayor
beneficio con los tratamientos de larga duración (un ejemplo de esto es el
cáncer).
Tal vez me este metiendo en “camisa
de once varas”, pero estos “magufos” que ven conspiraciones en todo aquello que
no pueden explicar o que no les satisface son parcialmente culpables de esa
acusación de “falta de transparencia”.
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